Danos fe recta, Esperanza cierta, Caridad perfecta.

SESIÓN QUINTA. Martes 21 mañana

El capítulo ha comenzado hoy sus trabajos escuchando la ponencia que nos ha presentado Luis A. Gonzalo Díez, claretiano, director de la revista Vida religiosa, con el sugerente título: “¿Y si dejamos de programar el futuro y nos abrimos al porvenir?”

Tras comenzar recordando que los capítulos son ante todo tiempos de Dios, procesos de transformación, el ponente ha iniciado su exposición recordando que hoy en día en la vida consagrada nos encontramos obsesionados por el futuro, y no solemos caer en la cuenta de que nos encontramos en un momento muy interesante para abrirnos al porvenir, pues ahí está el Espíritu Santo. Esa apertura al porvenir tiene que partir necesariamente de nuestra propia realidad. El gran problema que se nos plantea actualmente no son nuestras obras, sino la calidad de nuestras vidas. el signo que podemos ofrecer en este momento es que todos los hermanos puedan recuperar la palabra dada, la horizontalidad vivida en una fraternidad. Una existencia vivida así supone un testimonio que debe interpelar al entorno que nos rodea. También resulta importante abrir procesos de discernimiento, y pasar del mero intercambio de información a la emoción en nuestra vida religiosa.

Gonzalo nos ha invitado a analizar nuestra realidad como un proceso transformador, buscando salidas en clave de transformación. Lo anterior no significa que lo que vivamos actualmente sea malo, sino que podemos alcanzar algo mejor. Y esto implica una disposición. La tarea actual de la vida religiosa no es la de proyectar soluciones para el mundo, sino la de percibir desde la realidad, y dejar de ofrecer sistemáticamente lo mismo.

Ese proceso de transformación implica un “dejar ir”, un vaciarse de mucho de lo que vivimos en la actualidad, para “dejar venir”, y aceptar una nueva realidad. No se trata de sostener lo que tenemos, sino de abandonar algo que en el pasado nos dio seguridad, pero que ahora ya no sirve o que todos ofrecen. Se trata de buscar, o de intuir, algo nuevo. Y esas nuevas posibilidades tienen que nacer De la Fuente, tienen que nacer de Dios. En ese proceso de búsqueda se van reflejando cuestiones que tienen fuerza en todos los hermanos. Esas son las ideas que tienen que ir cristalizando; no pasa nada porque otras caigan. A partir de ahí, se puede ir planteando cómo serían las situaciones ideales y cómo podrían hacerse posibles. Eso no quiere decir que lo que uno piense sea lo que se va a llevar a cabo, pero sí que quiere decir que que todos se sienten escuchados. Finalmente, tenemos que descubrir qué es lo que realmente nos emociona hoy.

La revitalización es algo que buscamos, pero que está condicionada en ocasiones por nuestra propia vida, que a veces se vive sin fidelidad al carisma, por el cansancio... Pertenecer a la Orden tiene que ser una experiencia fundante, vinculante y totalizadora. ¿Cómo se puede vivir en una institución sin sentido de pertenencia? Vivimos a veces nuestra vocación como si fuéramos funcionarios.

A continuación, Gonzalo se dedica a comentar brevemente el Proyecto provincial de la provincia de la Inmaculada. Lo valora muy positivamente, señalando que presenta muy buenas ideas, llamadas a ser vida. El problema es cómo ir haciendo de todo esto vida real, asumirlo. Para ello resulta importante ir asumiendo hacia dónde se quiere ir, y hacen falta líderes que nos guíen. Y todo esto debe hacerse mirando al presente, no solo al pasado y al futuro. Lo nuestro es plantar nuevos árboles, aunque no sepamos quién recogerá sus frutos.

Los que nos tocan vivir son tiempos donde hay que subrayar la información, la transparencia y la verdad. Pero eso no basta: hay que sumar el compromiso, el “ir por delante”, creando un ambiente de esperanza y para todos, sin crear grupos. Y todo ello para llegar a la emoción de la comunidad.

Para todo ello hace falta formar nuevos líderes, que crean lo que ofrecen, que sean capaces de comprender al hermano, pero también de animarlo y ayudarle a transformarse, yendo por delante, aceptando la incertidumbre del momento presente, pero iluminándola con la esperanza. Los líderes tienen que distinguirse por su honestidad, y deben tener una mente global, que armonice con destreza los principios firmes con la ternura.

A continuación, siguió un momento de animado diálogo sobre las cuestiones suscitadas por la ponencia de Gonzalo.

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